La sensación es terrible, todo parece resquebrajarse por dentro sin razón aparente. Pero entonces, en el último momento, me detengo a mirar atrás para tratar de memorizar; de recordar al menos un brillo por si alguna vez me siento perdido y necesito tu voz de nuevo. Y cuando me giro, la realidad me golpea con todas sus fuerzas: encuentro los motivos para luchar, para seguir intentándolo, en cada rincón de tu sonrisa, en el camino hacia tu casa, en tus piernas entrelazándome sobre el sofá mientras dejamos que pasen las horas, sin necesidad de alimentar el fuego. Tengo la mochila repleta de trocitos de nosotros que no se merecen ser arrastrados por la marea. Son esos instantes los que me hacen latir, los que provocan que te piense con tanta facilidad. Y puede que parezca difícil de entender, pero aprendí a valorar nuestra forma común de mirar el mundo como si se tratara de un tesoro, de algo que sólo tiene sentido si lo mantenemos vivo desde las dos orillas del río. Y ahora vuelvo al borde, a asomarme a tus ojos sin fondo para acompañarte una vez más, para estar ahí aunque nos movamos en el ojo del huracán. Para tratar de que, como en el poema de Benedetti, por fin me necesites.
Porque no sé hacerlo de otra forma.
25 de mayo de 2008
los motivos
19 de mayo de 2008
200
Ahora tienes claro que la contra está bien para aguantar un par de noches, pero no puedes permanecer eternamente al borde, porque también la tierra se ha comenzado a mover bajo tus pies, y corres el riesgo de quedarte colgado del otro lado del columpio. Frente a esto, desconfías de las voces de ánimo desde la esquina, porque ya no distingues quién está de tu parte y quién espera verte caer; así que tu única tabla de salvación es ese abrazo partido, tratar de evitar el cuerpo a cuerpo de la única forma posible. Es como si intentaras apagar un fuego con las manos desnudas; mientras lo haces no sabes si es mejor el remedio o la enfermedad, pero una vez que has empezado no puedes detenerte. Y admites que todo sería más sencillo si no hubiera campana que anunciara el final, si la lucha acabara sólo al decidir que ya es suficiente.
Cuando los músicos se marchen a dormir no nos quedará más remedio que continuar bailando en silencio.
15 de mayo de 2008
unos breves apuntes sobre tus pies
13 de mayo de 2008
he tratado de ser justo...
Empieza con un café. Una tarde cualquiera de mayo, puede que sea sábado o domingo, a estas alturas da lo mismo. Hace sol, y puedo ir en manga corta desde mi casa hasta la parada del metro. Es curioso, no hemos vuelto a vernos nunca allí, como tampoco hemos repetido bar: no recuerdo cuántos cafés, cuántas cervezas habremos compartido, pero te puedo asegurar que siempre hemos ido a un bar distinto. Esto convierte cada vez en una ocasión reconocible, en un momento asociado a un lugar, o tal vez es al revés, cada vez que vuelvo a esos lugares recuerdo que en aquella mesa del fondo, detrás de la máquina de tabaco, o en un par de taburetes junto a la barra, hemos desgranado un poquito de nuestros puzzles; tirando del hilo para descubrir en qué punto se cruzan nuestros dos ovillos. Y hay un campo magnético que nos mantiene cerca aunque a veces pase más tiempo del deseado entre cerveza y café; ese campo nos impide desconectar sin que haya una explicación sencilla. Y son ya dos años y durante este tiempo cada uno ha tenido sus momentos, sus etapas, pero el otro siempre ha sabido estar ahí, permanecer, saber cuándo hablar y cuándo simplemente acompañar. Y ese vínculo es algo tan propio, tan nuestro, que resulta prácticamente imposible aplicarlo a cualquier otra relación social. Por eso lo valoro tanto, y por eso me gusta pensar que estos 721 días no son más que un granito de arena en esa playa que tan bien conocemos, y que todavía nos quedan muchos bares que visitar. Nos afectan los cambios del viento más que a nadie, pero sabemos adaptarnos a las marejadas. Este es el momento de la celebración, y ahora soy plenamente consciente de que nos encontraremos cada vez que nos haga falta en la esquina de costumbre, a pesar de nuestros desfases horarios. Siempre tendré un hueco para tejer tu presencia despacio.
28 de abril de 2008
página no encontrada
11 de abril de 2008
fuego amigo
21 de marzo de 2008
don´t bring me down
10 de marzo de 2008
las virutas y Todo
25 de febrero de 2008
era tu boca
Solamente podía ser ella, sólo ella tenía la suficiente personalidad propia y capacidad de decisión. Tardé en descubrirlo, pero al final de todas las escaleras de incendios, cuando se acababan las puestas de sol y hasta las manos se quedaban sin vocabulario propio, era tu boca la que aparecía salvadora, como un reloj de arena que nunca termina. Y no necesitaba notas en las paredes, ni señales en cualquier escaparate, porque tenía la certeza de que el que permanece en pie cuando suena la campana es el único que se lleva la recompensa. Nos acompañaban los disparos al otro lado del espejo, un coche que acelera, carreras y algún grito, como en aquella sala de cine tan mal insonorizada, y tu boca sonreía hecha un neón parpadeante, en plena esquina de Broadway con la 42. Afortunadamente yo había reamueblado mi alma de los pies a la cabeza y me moría de ganas de verte bajar del autobús, coger tu bolsa, pronunciar hogar, dulce hogar, y abrazo interminable. Se multiplicaban los motivos para estar vivo, con la velocidad supersónica con que tu mano se proyectaba hacia la mía, y los demás nos miraban de reojo, un calendario besaba la lona, crecía la música y bajaba el telón. De repente el silencio se hacía carne, y ya nadie era capaz de moverse de su butaca. Tan sólo tu boca era capaz de construir catedrales de la nada.
Al llegar el día, con las primeras luces, tu boca se apagaba para dar paso a la realidad más gris y absurda. Allá abajo bullía el tráfico, las sirenas y los teléfonos. Entonces cerraba mi ventana y corría las cortinas, para tratar de taponar mis heridas con algo más cercano que el edificio de enfrente. Amanecía un martes cualquiera en Broadway con la 42.
12 de febrero de 2008
aprendizaje
30 de enero de 2008
otis
No deberías guardar las letras caducadas en el fondo del cajón, ya sabes que tienen extraños y mágicos poderes regenerativos, y podrían tomar el mando de la situación si te descuidas; además, mientras estás sentada en la escalera no eres consciente de que tus palabras atraviesan mi estado de ánimo justo en el momento en que me planteaba darle la vuelta a todos los libros, intercambiar las formas incorrectas de energía, poner los calendarios de cara a la pared y decirte alguna de esas tonterías que ya has oído mil veces, pero con la intención de que la recordaras sonriendo como esas canciones lentas de Otis, en las que casi puedes llegar a tocar la luz tenue, con el suelo cubierto de serpentinas efervescentes y el hombro adecuado dispuesto y cerca; ese tipo de melodía en blanco y negro que comienza con los metales y que se va fundiendo poco a poco, despacio, como si te desnudara el alma una y otra vez para acariciarte por dentro, agitarte y dejarte meciéndote suavemente, ya sabes a qué canciones me refiero; en ese instante no importan demasiado los demás, se van desvaneciendo los malos recuerdos y solamente eres algo vivo, un ser único, irrepetible, y sí, definitivamente, son ellos los que se resisten.