1 de noviembre de 2007
el aviador
24 de octubre de 2007
coordenadas cartesianas
Recuerdo el momento como si hubiesen pasado dos minutos desde entonces, y no dos años. Tal vez tres. Tú llevabas el abrigo verde con los botones rojos, el pelo recogido, y yo intentaba mi enésimo aterrizaje de emergencia volando con un solo motor y sin la gasolina suficiente. Sonreíamos mirando al suelo, tratábamos de aprender de memoria el manual de instrucciones, de retener cada segundo respirado junto al otro. Entonces te giraste, como buscando un refugio, y me abrazaste con fuerza. Yo me mecía despacio, aspirando tu aroma con intensidad. Había un poco de desesperación en aquel gesto; quería creer que en algún lunar de tu clavícula derecha se escondía la solución a todos mis problemas, pero no tenía la menor idea de dónde estaba la solución a tus propios problemas. En mi clavícula no, desde luego. En ese instante entró un tren en la estación y la atravesó sin detenerse; cuando pasó a nuestro lado noté el viento caliente surgir como un fantasma por encima de tus hombros, rodeándonos, fundiéndose en nuestro abrazo largo, y volviendo a escapar junto con el último vagón. El resto de personas en el andén seguían esperando, leyendo el diario, o mirando las pantallas de información; una parte de nosotros ya no estaba allí, y no volvería a aparecer nunca más. Algo de lo que habíamos sido hasta entonces se perdió en la oscuridad de aquel túnel, y otra vida nació en ese chispazo de energía. Ahora, cuando llevo varios días dando vueltas sin encontrar la salida del laberinto que yo mismo he construido, bajo a aquel andén y recorro paso por paso el camino para volver al punto donde me abrazaste. Donde tomamos el desvío que nos ha traído hasta aquí.
22 de octubre de 2007
empezó a bailar
20 de octubre de 2007
contepomi
9 de octubre de 2007
asiento 194, fila 5, preferencia lateral
6 de octubre de 2007
twiggy
30 de septiembre de 2007
a sangre y hierro
24 de septiembre de 2007
b.s.o.
18 de septiembre de 2007
érase otra vez
11 de septiembre de 2007
track 9
20 de agosto de 2007
la velocidad de las nubes / cortina abierta
11 de agosto de 2007
doscientas palabras juntas
27 de julio de 2007
el humo y la ceniza
ni transformar cada viernes con flores en el pelo
en un lunes gris como otro cualquiera.
No nos merecemos los regalos con retraso
ni las postales envenenadas,
hay cosas que no están hechas para nosotros,
o tal vez somos nosotros
quienes no estamos hechos para soportar
la lluvia y el sol, tu oscuridad y la mía.
Nuestra capacidad innata para hacer daño
los pasados y los futuros de ida y vuelta
los recuerdos que se acumulan tras 509 noches.
Así que olvidemos todo lo que nos lastra
lo que nos ralentiza al avanzar
desprendámonos de los mapas
y quememos las referencias exteriores.
Para llegar siempre en el momento preciso
para despertarte cuando más lo necesites
para regalarte una palabra que guardar en el cajón
y poder memorizar cada uno de tus imperdibles
antes de que decidas apagar la luz.
Mientras todavía sonreímos.
22 de julio de 2007
poliedro
Al principio sólo era capaz de hablar con una sola voz. Todo tenía el mismo tono, el mismo color. Pero llegaste tú, y tu presencia comenzó a multiplicar mis estados: de repente consigo convertirme en cualquier momento, independientemente de la posición de los astros. Cualquier sentimiento por hacerte sonreír, por eternizar nuestro mal disimulado vals. Te acercas, apenas llegas a rozarme, y los colores y los sonidos que nos rodean se hacen más intensos; nos subimos a un carrusel de emociones y nada puede evitar que con cada uno de tus gestos me sienta caer un poco más en tu espiral infinita. Es un don de vida que sólo tú sabes suministrar, generando una paleta donde ninguna nota ha sonado antes, jamás. Todo lo que haces, todo lo que hacemos es genuino, nunca había ocurrido. Nadie había imaginado tanta magia. Por eso te encuentro siempre, aunque te alejes sé interpretar las pistas que vas dejando en el viento. Tus huellas son tan profundas que nunca desaparecen: no hay mejor motivo para continuar cada día que la posibilidad de redescubrirte a la vuelta de cualquier esquina, y jugar a conocerte desde cero, como si esta fuera la primera mañana de la Tierra. No quiero volver a tener nunca más una única voz; estoy en pie gracias a las puertas que abrimos a cada paso, en cada beso.