18 de enero de 2004

Pausa publicitaria

El placer de entenderlo todo de golpe, como si alguien encendiera inesperadamente la luz en una habitación oscura. Pasamos los días de frío dando vueltas subidos en una noria súbita, con sabor a menta y apariencia de noche de sábado. El recorrido de tu razón descubre el mundo de forma auténtica por primera vez. Me pierdo como una maleta negra en una terminal de aeropuerto y saltan las alarmas que olvidé desconectar. Los pomos de las puertas ya no sostienen las noches de miel, y las temperaturas se adaptan a la soledad del espejo del baño. Es difícil dormir cuando se tiene la sensación de que el tiempo se acaba. Subestimamos nuestra propia capacidad de darnos a quien amamos. Buscamos un mundo más cómodo, incapaces de mantener nuestra palabra durante cincuenta días, y reinventamos definiciones ya pronunciadas para evitar caer en clichés que nos enseñaron cuando éramos niños. Hoy tenemos otra oportunidad, y ya nos quedan pocas. Hagamos un esfuerzo y hablemos desde el corazón. Quizás no nos salga tan caro como pensamos.

17 de enero de 2004

Para qué tanto

Qué sentido tiene pensarte, buscarte, esperarte. Tal vez ya no seas la misma, seguro que yo no soy el mismo, pero eso siempre te dio igual. Y encontrarte una noche de fiesta encendiendo un cigarrillo a solas, o echando un vistazo sin interés a un puesto ambulante. Para qué sirve. Qué sentido tiene. Y estar ahora pensando en ti y escribirte esto, mientras probablemente tú duermes ajena a todo lo que no eres tú. O imaginar encuentros fortuitos y citas imposibles en días nublados, conservar recuerdos y sensaciones en vez de fotos y pulseras. Tocarte el codo, llamarte por el nombre. Sentir el temblor de mi voz y mirarte a los ojos para ver qué escondes al mundo. Y luego cuando te marchas quedarme en una nube negra, y buscar, buscar, pelearme con mi mala cabeza. Fingir que no pasa nada, ponerme la careta sonriente, y pedir otra copa; mezclarme con el ruido y las luces. Y pensar en el siguiente encuentro. ¿Para qué sirve tanto?

Celda

Por qué cuando pienso en ti duele. Siento un pinchazo, un temblor, un escalofrío, se me cierra la garganta y no me deja hablar como quisiera. Eso no se controla. Puedo amaestrar la mente, autoconvencerme de que me haces mal, prohibirte un sitio en mi corazón, buscarme una vía de escape para cuando me acosa tu fantasma. Pero no consigo evitar esa borrachera de sensaciones cada vez que te veo. Cómo hacer para que te alejes de mi alma.

Por voluntad propia

Tiene los ojos grandes
para no perder detalle de lo que pierde.
Tiene el pelo corto y la certeza
de que se le escapan los trenes
que la puedan llevar lejos de sí.
Tiene un pinchazo de dolor
por cada espina que se ha clavado,
y la sensación de soledad
anclada en los tobillos.
Tiene amigas (eso dice)
en las que no confía,
y tiene soldados (eso olvida)
que se preocupan por ella
hasta cuando ella misma se despreocupa.
Tiene sueños, labios, ideas, dedos,
luces, nariz, sombras, canciones,
alma, tristeza, talento y cuello.
Y no se da cuenta del misterio que supone
adentrarse en ella
atreverse a descubrirla.

Frío polar

El miedo es eso que siente quien cree injusta su situación. Miedo a perder lo que se tiene y lo que no. Miedo a sentir miedo. Eres adicta a la soledad, a torturarte, a pensar de más y quererte de menos, sucia del club de los sueños rotos antes de que tengan ocasión de cumplirse.
Conformista en negativo, pesimista del arco iris, caminante bajo la tormenta, jugadora solitaria, presumida por vocación, alma de tango, triste autosuficiente. Arquitecta de burbujas de irrealidad. Reclusa de tu propia mente. Triste sin motivo.

16 de enero de 2004

Física y Química

El trabajo que me cuesta describirte tiene una gran ventaja, porque mientras lo hago estás sentada a mi lado, y yo voy cambiando tus tazas vacías de té y tus cigarrillos por flores que no existen pero que vamos inventando sobre la marcha. El otro día, en pleno eclipse de besos prestados, sentí un rayo azul pasar por mis dedos al rozarte el brazo; eso me demuestra que eres energía necesaria para seguir respirando. Mis ganas de verte se cruzan con mis exámenes pendientes en vagones de metro desocupados, y me paraliza tu blanco nombre como las gotas de lluvia en el escaparate de la esquina, donde compras collares de cuentas y pagas con pedacitos de tus sueños. Esos que no se acaban y en los que nunca salgo yo.

10 de enero de 2004

Café con leche y abrigos

El cielo es algo que hemos inventado para describir lo que sentimos al amar. Todo lo que vemos sobre la mesa son barajas usadas cuyos trucos conocemos, y con las que siempre hacemos trampas para perder. De vez en cuando nos asomamos a la ventana que da al patio interior para descubrir que tenemos ideas que ocultar, caminos que desandar, frases que callar y gestos que olvidar. Ahí fuera siguen las nubes amenazándonos con limpiar nuestra mirada. Pero todavía tenemos cosas en común y no lo sabemos, todavía debo memorizar las maneras que tienes de salirte siempre con la tuya. Así que no te marches todavía, que no has traído paraguas.

8 de enero de 2004

el olvido es una mancha de café en el cuello de tu camisa.

Tiempo muerto

Cada noche vuelvo a ese lugar entre tu cuello y mi alegría. La única razón para tirarle piedras al sol, y el rincón donde me refugio de la tormenta. Llenas las sábanas de pájaros que son tus manos en mi pelo, y tejes con media sonrisa una barandilla a la que asomarme. Pasaría el resto de mi vida abrazado a ti, soltándome sólo para contarle al mundo la verdad sobre el cielo. Detengamos la rutina cinco minutos, ahora que nadie nos ve.

27 de diciembre de 2003

Juguetes usados

Quiero poner sobres blancos de sonrisas dentro de tu sombrero negro de la ausencia. Quiero llenar con papel los huecos que tus ojos como espadas crean en mis estados de ánimo. Quiero caminar paralelo a los alfiles que mueves sobre el tablero de ajedrez que dibuja el suelo del bar de moda. Quiero beber del vaso que me ofreces sin hablar desde tu esquina de la mesa, mientras disimulas y callas lo que sabes.
Quiero saber de ti a cada momento y apurar el trago de tu voz, memorizar cada gesto, hasta que se nos cierren las puertas que sólo miran hacia mañana. Quiero oírte decir que aún es posible dar sin recibir y reír sin tener que llorar más tarde.
Cuando se nos han quedado pequeños los columpios del parque
y cuando hemos comprobado que sólo en el cine hay
finales felices.

21 de diciembre de 2003

Enamoramiento

Te veo entre la gente
como quien mira una paloma
y me tiendo ante la sombra
que me brindas de repente.
De ti me enamora
la belleza serena de tu rostro
y la tenue seguridad
que muestras al hablar.
Me conforta tu mirada
y tu postura cuando estás
pensando en otra cosa.
Parece que un brillo especial
te rodea y te protege de tu entorno
haciéndote inalcanzable
como si intentara coger
el viento que habla a través de las flores.
Tal vez por eso
no siento miedo, sino
la certeza de haber encontrado
mi brújula.

20 de diciembre de 2003

talismán contra la oscuridad del corazón

Pienso en ti
y siento una fuerza que me empuja
a plasmar lo que pasa por mi cabeza.
Debo hacerlo, porque
todo es perecedero,
todo tiene un final,
y lo que ahora me mueve
cambia (evoluciona, se transforma)
y ésta es la única forma que tengo
de dejar en un cajón
una especie de autobiografía
ficticia o real,
con profusión de películas
memorizadas rellenando los huecos
que yo no pude tapar.
Siento la vida correr por tus venas
mientras apuras tu botellín
y me dejas entrever que
eres tú quien maneja los hilos
de los que estoy colgado,
usada marioneta del entendimiento.

19 de diciembre de 2003

Clandestino

Secreto a voces,
miradas que cruzamos
completamente solos rodeados de gente.
Siento de nuevo la vieja llamada,
la vibración que me lleva
a ponerme manos a la obra
para construirte
un castillo en el cielo,
una playa a la que lleguen los mechones de tu pelo rubio.
Veo clara la obligación
de hacerte feliz, de robarte
una sonrisa que me ilumine el día
y borre de un plumazo
los charcos de la calle
el frío de algunos cuerpos
las falsas compañías
y los recuerdos en oferta.

14 de diciembre de 2003

ángel de luz

Haces que mis sentimientos
crezcan como el trigo de tus ojos.
Así mi pena es inmensa si no estás cerca,
y si te veo siento que por fin
la noche se reconcilia conmigo
y una estrella baja
y pasa un brazo sobre mis hombros.
Me quedo ausente, vacío el bar,
yerta la música, mirándote
coquetear aquí y allá,
te meces como un junco.
Te muestro mi equipaje abierto,
mis maletas de cartón.
Nuestro destino es
volver de cualquier sueño
con algo que contar
e intercambiar como cromos de niños
nuestras miradas furtivas.

13 de diciembre de 2003

Oscuridad del viernes noche

Siento mi mente incendiada
veo reflejos de la tormenta
que superé con mucho esfuerzo.
Me mira la pantera
desde su privilegiada atalaya.
Nunca sé comportarme
y me abruma tu presencia;
me acerco a ti procurando
mantener la distancia de seguridad
(la única verdad que conozco eres tú)
y tú te das cuenta y me ofreces un brindis.
Luego apago el fuego
y me lamento por nada.
Soy el soldado que llama
a la puerta de la reina
pero nadie sabe el secreto,
ni siquiera tú.