9 de junio de 2010

Salvation Blues

La chica estaba allí subida, como si no fuera con ella. A su alrededor todos miraban al escenario, o iban y venían de la barra con copas. Ella había conseguido sentarse un poco por encima de las cabezas de los demás: sus zapatos blancos quedaban un metro más abajo, y movía los pies descalzos lentamente, al ritmo de la música. En cualquier caso, se comportaba como si estuviera lejos de todo, en una especie de burbuja inalcanzable desde el mundo real. Parecía haber aterrizado allí por casualidad; a veces sonreía tímidamente, echaba un vistazo desde su atalaya y volvía a cerrar las escotillas. Estuvo así durante todo el concierto: rozándose el pelo corto y moreno con una mano, mientras con la otra dibujaba en el aire cada canción, un disparo seco en mitad de la noche. Yo pensaba en las chicas de las películas de los cincuenta: siempre tan frías, siempre de vuelta de todo. Ella tenía algo de eso, pero iba un paso más allá. Hacía que el juego, la música, las luces, todo girara en torno a ella sin pretenderlo.
Entonces pensé que tal vez un blues no era tan mala opción como puerta de salida de otro blues. Una alternativa al viento, a las palabras encadenadas. A los mensajes encriptados y esas cervezas que siempre nos prometíamos pero que se quedaban ahí. Junto a tus pies descalzos.

31 de mayo de 2010

Lorentz

Si no dejamos respirar a la electricidad los tres acabaremos ahogados, hay demasiada presión en este charco y nuestro caleidoscopio siempre se empañó con facilidad. Al otro lado de la puerta no hay nada, pero suena como si estuvieran celebrando la última farra antes de cerrar. Nadie nos estará esperando cuando se termine el asfalto; en realidad todos los refugios están completos cuando no consigues desprenderte del olor a pólvora. Entre las rendijas de las ruinas quemadas resuenan los ecos de nuestra historia, nacida muerta, por culpa del principio de indeterminación y de la incapacidad para hacer coincidir los momentos con las emociones. Tiende las manos, tal vez consigamos orientarnos en la oscuridad; de todas formas la luz del día nos volvió la espalda con los primeros compases. Las corazas son fugaces y los recuerdos lentos; cada mañana es un cable a tierra, disfrazado de rutina en medio de la tormenta perfecta.

Un día me levantaré y comenzaré a caminar en la dirección adecuada.

26 de mayo de 2010

estos son los míos

Prometo dejar de correr como si el mundo fuera a caer sobre mi espalda. Prometo esperar a que la sangre se seque sobre el papel, evitar dibujarnos entre el viento de poniente y el de levante, condenados a abrazarnos a través de palabras y acordes, tras renunciar a mirarnos a los ojos. Prometo no creer haberte encontrado al girar cada esquina, en cualquier beso no tan salado. Hacer aún más habitables mis silencios, permitir que puedas entrar en ellos, pasear descalza, tal vez con flores en el pelo. Disfrutar de las derrotas casi tanto como de las victorias; comprender que los cimientos más sólidos son los que no se pronuncian en voz alta, simplemente se escriben en la orilla. Salir juntos a la superficie, sin necesidad de periscopio. Prometo mirar hacia tu sur desde mi norte, y hacia tu norte desde mi sur. Enseñarte cuánto de lo que soy yo eres tú.

Y prometo darte razones para sonreír de continuo. Porque nada que duela tanto merece la pena. Aunque no te lo creas.

7 de mayo de 2010

ella nunca tropieza

Puedo tomarme todo el tiempo del mundo en despojarte despacio del disfraz; desnudarte es algo que debería ser una obligación diaria. No necesitas ningún argumento más, simplemente dame la mano y seamos meros espectadores de la transformación de esta tarde de noviembre en la mañana de mayo, como si fuera el nacimiento de una mariposa. Si nos toca besar la tierra seremos un par de esas manzanas que caen al suelo y van apagándose muy lentamente, componiendo una banda sonora que nadie escuchará y crecerá semiescondida, entre tus marionetas-pájaros y mis pájaros-marionetas. Todos los que te contemplaron antes que yo, aquel libro que tanto te costó abandonar, las mentiras necesarias para encontrar la verdad en un callejón cualquiera, tan sólo eran la excusa perfecta para encontrarte abrazada a la guitarra, recortada contra la luz de tu habitación. Hasta las sombras te deseaban, cómo no iba a hacerlo yo. Y hoy toca gabardina canadiense y armónica en la oscuridad, café amargo y cuentos hasta tarde. Hoy no existen relojes ni anclas; sólo este pequeño rincón desde el que se escucha arder la soledad del mundo.

19 de abril de 2010

you know you got it, child, if it makes you feel good

Tratas de alcanzar la costa

antes de que caiga la noche,

pero no es nada fácil mantenerse a flote

con los bolsillos repletos de piedras

y esos tacones arañando el cielo


Tus palabras son imanes para las mías,

Y me dejan tirando del hilo de mercurio

a salvo de la oscuridad y la niebla,

lejos de los fantasmas escondidos

bailando la misma canción una y otra vez


Ni tú ni yo necesitamos repetirlo:

hay cosas que simplemente

aprendemos en un instante

y luego empeñamos media vida

para olvidarlas

6 de abril de 2010

VY2505

Abróchense los cinturones, pongan su respaldo en posición vertical. Abrí el primer cajón buscando las respuestas a las preguntas que todavía nadie me había hecho, y encontré nuestros torpes cruces de caminos, el comienzo y sus múltiples significados, dibujados en la servilleta de aquel bar. Desde entonces he sido testigo mudo del milagro diario, las primeras luces que reflejan tu pelo que refleja el mar que refleja las primeras luces y así hasta el infinito. Las tardes que se convierten en noches sin darme cuenta, demasiado ocupado tratando de anticiparme al siguiente movimiento de la ruleta para aterrizar a tu lado. La poesía de verdad ni se escribe ni se pronuncia, sólo podemos intentar rozarla con la punta de los dedos mientras se sumerge en la oscuridad, retándonos a ir tras ella. En un giro final seríamos capaces de escuchar su carcajada, antes de perderla de vista. La fiereza de los versos que apurábamos como si sólo nos quedara esa tabla de salvación, más allá de la única isla desierta que encontramos abierta en la ciudad. Brindemos por los recuerdos que nos asedian al despertar. Todos los incendios que provocamos, tan imposibles de extinguir como el sol allá arriba. Nunca fue tan sencillo crear y destruir emociones, parecían de papel, y nos daba tanta pereza alterar el rumbo que nos dejábamos llevar a la deriva. Abrí el último cajón buscando una salida de emergencia, y encontré nuestra colección de polaroids borrosas, como si al nacer ya intentaran escapar fugaces entre la niebla. Detrás de cada polaroid una palabra diferente, todas las mentiras pronunciadas en la oscuridad de una sala de cine. El avión va a tomar tierra, desconecten todos los dispositivos electrónicos, pongan su respaldo en posición vertical.

22 de marzo de 2010

let it bleed

siempre tienes claro cuál es el próximo paso,

aunque arrastres ese sabor metálico

las lanzas clavadas sobre tu sombra

y demasiadas heridas sin cerrar


por eso me extraña encontrarte

a medio camino entre el azúcar y la sal

como si no conocieras la carretera

a pesar de haberla construido


las luces están apagándose

y las chicas saben que es la hora del cierre

así que es inútil resistirse

pretender que la fiesta acaba de empezar


ya no quedan pieles de cordero para todos

y los tigres llevan horas acechándonos

piensa bien hacia dónde echar a correr

porque intentaré dar el primer mordisco


puedes sentarte a esperar al próximo accidente

o prender fuego al colchón con nosotros encima

me enseñaste que el tiempo no espera a nadie

y ni siquiera contigo haría una excepción


créeme,

no es la mejor noche

para poner en juego el campeonato.

5 de marzo de 2010

let's get lost

Tus palabras llegan con retraso, el cartero no encontraba el buzón en el bosque. Pero llegan con la fuerza habitual, para remover todos los cimientos, hacer que mire al mar de nuevo y me puedan las ganas de escapar para mirarte a los ojos. Y aún estoy al otro lado, junto al quinto árbol a la derecha, pensando en lápices de colores tan pequeños que es incómodo escribir con ellos. En cuadernos rojos de anillas, en los que faltan un puñado de hojas arrancadas que, supongo, habrán muerto de hambre, olvidadas en cajones que nunca las quisieron. Echando de menos las frecuencias de los trenes y los autobuses, las luces y los olores. Echando de menos materias delicadas, que todavía están aquí, pero que parecen quebrarse al menor soplo de viento. Los ángeles deciden irse en cuanto huelen los problemas, y me estremece aprender cómo hay personas que nunca se alejan, momentos que se quedan grabados con todo lujo de detalles, para lo bueno y lo malo. Exactamente como tu forma de mover los hombros cuando bailas sentada sobre la cama. Al fin, esas muescas son las que un día, sin saber bien por qué, nos hacen sonreír y cerrar los ojos. Necesito que venga el tiempo y ponga cada cosa en su sitio: las heridas al lado del camino, los silencios a la espalda y tus palabras en mis oídos.

17 de febrero de 2010

la cerveza caliente

Prendimos fuego a la locomotora para que el tren alcanzara la máxima velocidad, pero al hacerlo éramos plenamente conscientes de que eso la haría descarrilar, dejándonos un regusto amargo a cerveza caliente y lápiz de labios. Desde aquel fogonazo llevo días tratando de exorcizarte, náufrago, desordenando las palabras que te mantengan en el rincón de los buenos recuerdos que se borraron de golpe para siempre; pero cada vez que me descuido vuelvo a sorprenderme recorriéndote con la memoria. Y lo cierto es que estoy harto de huir en círculos, como si estuviera siguiendo el mapa inacabado que me aleje del instante inmediatamente anterior, ése que siempre vuelvo a afrontar de manera inevitable. Justo antes de descubrir que al final del camino sólo arden el kit de camuflaje, el poema en la ventana y las máscaras equivocadas.

11 de febrero de 2010

cenizas en la nieve

Me decías, no recordaremos nada cuando el tiempo haya hecho su parte del trabajo sucio. No nos alimentarán los ascensores hasta el quinto, los semáforos en rojo como regalices con prórroga de paraíso. Nada de lo que estamos sintiendo perdurará cuando amanezca. Ni siquiera yo estaré a tu lado si las nubes negras vuelven. No podremos volver a reírnos de nosotros mismos, ni enamorarnos en cada charco. Me repetías, no te esperaré, no me reconocerás. Y yo me resistía a creerte, aferrándome a ti en el camino de vuelta, intentando leer mil mensajes ocultos en un gesto casual. Nuestro mañana nacerá muerto, y nada de lo que intentemos conseguirá alejarnos de la tristeza.

Cuando desperté los nudos se habían tensado, y efectivamente, lo único que podíamos hacer ya era darle la vuelta al disco.

26 de enero de 2010

las palabras que caen de los bolsillos

tengo el manual de instrucciones

en todos los idiomas que no conozco

y una certeza subiendo por el brazo

que poco a poco se ilumina sonrisa

las nubes bailan bajo mis pies mientras te espero


no he perdido tanto tiempo como creía

caminando en línea recta

alejándome de las flores secas

más bien he cambiado varias veces el rumbo

y me he encontrado con huellas que pensaba borradas

por dejar respirar las horas muertas

al correr hacia ti sin conocerte


dos pájaros de miel me miran

como sombras de árboles desnudos

respirando poemas a oscuras

y dejan esa sensación huérfana

de estar rozando con los dedos algo

durante el tiempo necesario para comprender

que acabará escapando inevitablemente


tal vez deberíamos dejar de medir en días, semanas

y empezar a hacerlo

en abrazos

intensos

16 de enero de 2010

inténtalas parar

Cada vez que miro eres diferente, te has transformado en otra ola, siempre caminando entre el caos y la poesía, con el hilo de Ariadna entre los dedos. Se desatan incendios a tu paso, y yo no hago más que nombrarte en canciones y tratar de definirte en cárceles de palabras, de las que consigues escapar como si ya estuvieras en otra parte, algún lugar perdido. Como si no fuera contigo. La electricidad te recorre y transmites esa energía sin darte cuenta; yo sólo soy el chico mal dibujado al fondo de la escena, que sonríe y se sorprende con cada nuevo giro de caleidoscopio.

6 de enero de 2010

If you don’t think you have the blues

Definitivamente no entraba en mis planes, y yo me disolvía rápidamente en los suyos, como si fuéramos sal y tequila. Llegó en la estación de las tormentas, con una pistola sin balas y sin ganas de recoger los pedazos. La inercia nos fue arrastrando mientras secábamos todos los bares; algunas noches éramos stand by me, otras oh darling. Más tarde descubrí que si tengo que medir tanto mis palabras, tal vez no merezca la pena iniciar la conversación; tarde o temprano nos cansamos de perseguir nuestro final feliz, y no hay suficientes para todos. Te cambié mi silencio por tu mirada, mi sombra por tu luz, pero nunca era lo que buscabas. Así que antes de desmontarme como un puzzle y quemar las naves, me volví curva del camino, ventana que sólo se abre hacia fuera. Hay historias que se rompen en mil cristales afilados, otras simplemente mueren de hambre. Ahora prefiero escuchar el delicado sonido del trueno desde el puerto, sin sentir el vértigo que daba tratar de entender el mundo desde una nuca que se transformaba en remolino al menor descuido.

El viento siguió golpeando los espejos, pero yo ya no estaba al otro lado.

8 de diciembre de 2009

te soñé, pero ya no me recordabas

El problema es

volver del fin del mundo

sin una buena respuesta que darte,

no saber a quién olvidar primero,

ni si perdonar nos hace más débiles.

El conflicto

es la incapacidad para entender el movimiento de las mareas,

las migraciones de los pájaros

y los sedimentos en la cuenca del río.

El riesgo

es el otoño que llega con retraso,

los nudos imposibles de deshacer

los abrazos que se eternizan

y todas esas pavesas empiezan a convertirse

en esta fina lluvia que te moja despacio,

como alfileres diminutos sobre tu corazón.

22 de noviembre de 2009

uno bajo cero

Nunca aprenderemos a colocarnos a favor del viento, ni veremos a nuestro equipo ganar el campeonato. Puede que todas las oportunidades pasen de largo ante nuestra puerta, como si visitáramos un museo vacío; pero jamás perderemos todo lo que ya nos pertenece. Tenemos las certezas y los teléfonos rojos, las escaleras de incendios y un cajón repleto de conciertos. Así que antes de echar sal sobre la tierra quemada, piensa por un momento cómo sería todo sin aquel instante inicial, nuestro propio big bang. Sin esa forma de mirar que aprendimos con el tiempo y la práctica. Cambiaremos las reglas del juego si es lo que prefieres, pero los puentes entre tú y yo han soportado demasiadas lluvias. Porque nada dorado dura para siempre.