24 de septiembre de 2009

evitar que tu corazón se congele en el infierno

Soy el viento que desordena las líneas atravesando tu camiseta, sobrevolando tus ganas de sonreírle al amanecer. El rastro casi borrado de una cicatriz de cuando eras una niña; un corte casi imperceptible sobre tu ceja izquierda. Estudio la accidentada orografía de tus valles y cordilleras, las zonas dulces y saladas que van dibujando el cauce de la vida a través de tus arterias. Todo lo capturas y almacenas, todo te hace crecer y después abres las puertas y sales al mundo, le cuentas todos los secretos del mercurio con tu voz de luna en una liturgia lenta, desde el centro mismo del poema. Cuando estamos juntos destensamos la soga del tiempo y todos los colores se vuelven llama que acaricia las piedras heladas. Te pronuncio y por fin aprendo a leer las huellas del camino que vamos dejando atrás.

7 comentarios:

Beatriz dijo...

Guau! Cuando te leo, púff, siento todo lo que dices. Me encanta la combinación de palabras, es mágica! Muchos besos!

pao dijo...

... y sin embargo nunca se acaba de conocer a alguien. Es la magia de lo desconocido, el reto de saber.

Estepa Grisa dijo...

Curiosamente, o no, yo no tengo ninguna cicatriz en la cara, todas las tengo en las manos (verídico).
Bueno, y algunas en las rodillas.

geheugen dijo...

Topógrafo, amanuense, ciego, esclavo del tacto de su piel,
tus sentidos se inflaman en la dulce certeza que te da recorrerla:
La de saber que es cierto que el instante perfecto también te pertenece.
La cálida poesía de tus letras es siempre inspiradora.
Un placer de lectura
Gracias.

Grace en el País de Las Maravillas dijo...

(y en el invierno, también)

Anónimo dijo...

encontré este blog como hace dos años y desde ese dia no pude dejar de leer, tengo impresos en papel todos los textos, me parecen impecables, te felicito un placer haber caido por estos lados.

MentesSueltas dijo...

Aqui estoy visitando tus rincones y tus letras...

Te abrazo.
MentesSueltas