21 de julio de 2004

5:55

Tus ojos son apagar una a una las luces de casa, quitarse los zapatos, abrir el grifo. Son un libro de tapas negras sin título, resumen ni índice. Mientras tomo tu brazo como quien agarra una manta en mitad de la noche pienso: hay otras luces, pero este ruido no nos deja verlas y decidimos que no existen.  Tu recuerdo es una máquina con grandes engranajes, enormes ruedas, una factura sin pagar en cada pensión del puerto. Eres toallas dobladas, olor a cremas hidratantes y pastillas de jabón, el tapón de la pasta de dientes flotando en la bañera. La hebilla ancha y plateada de tu cinturón sobre la cama, revistas abiertas y flores de papel. Un cuadro torcido en el pasillo, un vagón de metro que no se abre en ninguna estación, un video mal programado, despertadores que no suenan, carretes velados. El triángulo que forman tus ojos y tu nariz delimitan a la perfección tu territorio, la fortaleza que se eleva desafiante. Tu forma de restarte importancia, de esconderte entre los días grises, de preguntarme razones para mirarte así, no dejan de ser trucos, capas de tierra que retirar para encontrar la esencia, el motivo de tantos decorados, actores, la orquesta en el foso, el coro y el telón subiendo y bajando. Todos somos personajes secundarios en tu gran escena, esa en la que te das a conocer y yo olvido mis pocas líneas de diálogo.

1 comentario:

jesus dijo...
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