14 de diciembre de 2005

Todavía

Solamente necesito tres razones, tres motivos para sonreír. Escucho la tormenta a través de la ventana, puedo imaginar cómo los niños saltan en los charcos y los coches aceleran para cruzar semáforos en ámbar, levantando cortinas de agua a su paso. También está el ruido de fondo del televisor: cinco programas de cocina simultáneos, cinco cocineros haciendo cinco platos que nadie comerá, únicamente sirven para que las cámaras los graben mientras suena música de jazz, jazz en Babia. Hay un Belén entre tiburones, maletas que cambian de manos y papel de periódico para tapar huecos de desconfianza. Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Sin embargo, nada de eso es real: lo único que puedo reconocer es tu tacto eléctrico, esa descarga que me da tu antebrazo como una promesa. A pesar de que llevo años sin verte, aún siento la fuerza de tu mirada como si todo hubiera empezado hoy. Por eso busco esas tres excusas para sonreír, porque eres todo lo aferrable, todo lo que entiendo como hogar, como territorio. Dame al menos una de las tres.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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