26 de mayo de 2011

That old feeling

Es inevitable que los perímetros nos nombren, al fin y al cabo llevamos tanto tiempo trazando órbitas simétricas que nuestras manos pueden tenderse en la distancia y entrelazarse, como ramas de árboles, sin que nos movamos ni un centímetro. Y tal vez haya mañanas de primavera en las que nuestros pasos no resuenen a la vez, pero no dejan de bailar al ritmo de las mismas canciones: un disco que ni tú ni yo somos capaces de recordar, con algo verde en la portada, y desayuno para dos en el sofá, la luz de tu barrio entrando por la ventana. Como el recorrido de dos tizas de colores sobre una pizarra desnuda, el tiempo hace crecer las flores que nos pronuncian.

1 comentario:

manolilloc2c dijo...

increible entrada...