Tu pasión por las palabras de cuatro sílabas es tan desconcertante como esa música que parece acompañarnos a cualquier lugar. Un león de papel se despereza sobre una hoja de afeitar en mitad de la avenida y tú me susurras que nunca conseguiremos llegar tan alto, ni aunque tratemos de escalar todas las escaleras mecánicas del metro. Cada noche los sonidos más salvajes se esconden en tu pecho, y todo se convierte en un muro terriblemente frío que nos impide distinguir los afectos de los odios. Al observarnos un poco más de cerca, descubrimos las razones ocultas: perderemos todas las carreras que disputemos en el sprint final, cerrando cada libro que no hayamos leído y vendándonos los ojos para evitar caer en la tentación. Mientras tanto, al caminar vas pisando la sombra de nadie, y eso te hace cada vez más fuerte; todo lo que te golpea te supone un nuevo reto para seguir avanzando. La autopista es infinita al menos por esta noche, y las luces de tu coche no pueden testificar ante un juez. No hay un solo esfuerzo desaprovechado y la llama no va a apagarse. Pero déjame aclararte que ante tu escala de grises prefiero el blanco y negro del amor y su pequeña muerte, los seis grados que intentan separarnos. Es una cuestión de fe en los corazones y cierto optimismo irracional. Pronto llegará la lluvia y entonces no podremos refugiarnos del mundo nunca más: no nos quedará más remedio que mirarnos a los ojos y afrontar que todo lo que ahora somos se habrá desvanecido cuando amanezca.
26 de mayo de 2009
19 de mayo de 2009
aterrizajes de emergencia
11 de mayo de 2009
antes del viaje
Son sólo cuatro segundos. Nos separan como una línea invisible, un cable con el que el protagonista nunca tropieza porque lo ve justo a tiempo. En cambio nosotros nos enredamos y caemos una y otra vez, sabiendo que en ese mismo instante despertaremos. Abrazados. Y la sensación es similar a volver a ponerse en pie tras besar la lona: eres perfectamente consciente de que todo se acabará si permaneces tumbado, pero esa no es
Sonríeme desde el otro lado del precipicio. Sólo así seré capaz de atravesarlo de un salto.
27 de abril de 2009
Pequeño cuento en la botella
20 de abril de 2009
try your wings
3 de abril de 2009
i love the sound of you walking away
18 de marzo de 2009
lobos
11 de marzo de 2009
el tiempo es un efecto fugaz
26 de febrero de 2009
el rincón vacío
el sol me abrió los ojos de repente
y cuando intenté escalar la montaña sagrada
descubrí que en realidad no hay nada al otro lado
tan sólo la sensación efímera
de haber cerrado el libro definitivamente
pero de sensaciones no se sobrevive
la ciudad está envuelta en llamas
y soy incapaz de descolgar el teléfono
ni de dejar correr las lágrimas arroyo abajo
sonrío al chico que hojea distraído el periódico
e intercambio cuatro frases huecas
con el conductor del autobús que me acerca a casa
abrazos y palabras, armónicas y hojas en blanco
desperdigadas como en un bosque secreto
una canción que se repite mil veces
la certeza
de que las cosas pueden ser diferentes
es todo lo que necesito para llegar al viernes
entonces aunque sea el último en descubrirlo
todo encajará
como encaja tu sombra desnuda en la pared verde
algunos días nacen como hojas de cuchillo
pero deciden ir a morir junto al mar
23 de febrero de 2009
La hija de Keith un domingo por la mañana
13 de febrero de 2009
Comply Or Die
Puede ser el instante inmediatamente anterior o inmediatamente posterior a ser disparado, una explosión de luz y después sientes como si la sangre que corre por tus venas se hubiera congelado hace tiempo y ya nada tiene más importancia, lo único que importa es que estás observando la película desde fuera mientras ruedas por el suelo y justo después la cámara centra su atención en cualquier otra parte. Y a medida que el humo se vuelve más denso piensas cuál de todas las infinitas permutaciones de palabras que una persona puede crear fue la que consiguió que ella sonriera, que se fijara en ti, aquella primera noche sobre la Tierra. Imaginas por un momento tener toda esa historia entre las manos: los recuerdos, los versos perdidos, las sensaciones inatrapables. Y qué hacer con las sombras y los retales, esa canción que intenta contrarrestar todo lo demás, rebotando con un sonido afilado y metálico en tus pulmones. Para qué atravesamos el desierto, si al otro lado sólo nos esperan un espejo desnudo y una taza vacía. Cada bifurcación nos empuja irremediablemente un poco más hacia una línea pintada en el suelo. Puede que sea la que estábamos buscando, pero en estos días te sientes como si todos los desvíos te llevaran a la casilla de inicio, y fueras el único jinete en el Gran Nacional.
31 de enero de 2009
la profesora de francés
Tienes la edad de mi hermano. Sin embargo, cuando quiero imaginarte te compongo a partir de esbozos de rostros pasados, de frases ya dichas, como un rompecabezas que me completara sin ningún motivo aparente. Y ahora tengo claro que no puedes recorrer el camino conociendo de antemano que tiene un final; no puedes crecer sabiendo con exactitud el día de tu muerte. Las historias sólo mantienen le pulso que nosotros queramos marcar, a pesar de todas las fuerzas que nos empujan en el sentido contrario. Podemos pisar los pedales sin tocar las teclas, dejar que la música suene únicamente en nuestras cabezas, y entonces la belleza será tal y como la dibujamos. Pero no será real. Hay un componente de lucha, de volver a levantarse tras hincar las rodillas en el barro. Sin ese aspecto todo tiene fecha de caducidad, y sin duda eso es lo peor que le puede pasar a tu corazón. No reserves una bola extra para cuando lleguen las noches de invierno; arriesga cada soplo de aire para alcanzar la orilla. Y que cada palabra que pronuncies se vuelva en tu contra como la lluvia, para que seas plenamente consciente de que este viaje verdaderamente merece la pena.
18 de enero de 2009
take a sad song
Empezamos a cantar y todos se unieron, como si fuera lo más natural del mundo. Y salimos del bar abrazados, sin asustarnos del frío ni de la hora, porque realmente no había nada que perder: todos los poemas aprendidos se habían ido destiñendo, deshilachando en la memoria como ropa tendida al sol al comienzo del verano. Y ahora teníamos la bendita obligación de reescribir cada sentimiento, cada soplo de vida colándose por el cuello de la camisa y jugueteando entre las mesas. Cuando decíamos "no puede faltar" nos referíamos a algo mucho más profundo de lo que se podía ver, algo intangible e impagable. No había acordes ni diccionarios suficientes: caminábamos por la calle sin preocuparnos por decidir un destino, embriagados de amistad, en ese blanco y negro brillante de las películas de Wilder. Nada más simple, nos repetíamos: todavía es pronto y estamos juntos, hay mucho que celebrar, mil historias que poner en común y contar una y otra vez, siempre lo mismo pero nunca igual. Como una bola de nieve colina abajo. Y sonreíamos constantemente, sin necesitar una razón. Las agujas inflexibles del tiempo y el espacio no nos iban a derribar tan fácilmente, porque al menos durante ese momento lo podíamos todo.
14 de enero de 2009
dorian
Si repites una mentira mil veces, acabará convirtiéndose en la verdad; al menos, en lo que la verdad supone para ti. Mientras, continúas girando a oscuras en el carrusel de la noche del viernes y la noche del sábado. En la insonoridad de cada boca que te sonríe y en el fondo de los ojos que te miran. Destilas cada instante exprimiendo hasta la última gota, en un sueño que no termina, pisando todas las trampas y saltando sobre los charcos. Pero no existe el elixir secreto para que el corazón deje de doler, tan sólo el tiempo cura. Y el amor evoluciona, porque está vivo; lo que no se transforma acaba muriendo. Sólo espero que saques algo en claro cuando encuentres la salida, que seas capaz de mirar hacia atrás y reconocerte en todos los vacíos que vas ocupando, habitando. Deseo que por lo menos el viaje de vuelta te resulte agradable.